Hola de nuevo, hermosa alma en expansión. Hoy quiero compartirte una historia muy personal —una de esas que le suceden a una persona común, en un momento común, pero que termina transformándote por dentro.
Tiene que ver con un viaje, una pluma verde inesperada, una enfermedad que me derrumbó… y una señal poderosa de mis guías que solo comprendí después.
Un viaje que no salió como lo imaginé
Este año decidí celebrar mis 49 años viajando.
El año pasado estuve en Lisboa y fue tan luminoso, tan cálido, tan perfecto, que quise recrear esa sensación de alegría en el alma. Esta vez el destino fue Madrid, por presupuesto y por disponibilidad.
Pero Madrid nos recibió con frío, con un ritmo más acelerado y con el peso de viajar en grupo.
No era ese paseo suave en pareja donde podía decidir mi ritmo, parar cuando quisiera o simplemente fluir con lo que mi cuerpo necesitaba.
Y aunque hoy lo veo con claridad, en ese momento no supe escucharme.
Fui acumulando cansancio, caminando más de lo que mi cuerpo realmente podía sostener, ignorando señales que después entendería mejor.
La pluma verde: una señal que no comprendí a tiempo
Y de pronto en medio de una calle cualquiera, entre turistas y ruido, algo atrapó mi mirada: una pluma verde, absurda y hermosa, justo a mis pies.
Era tan intensa, tan vibrante, tan fuera de lugar, que instintivamente la recogí.
Y sentí algo…
No sabría decir qué.
Una especie de movimiento interno, como si esa pequeña pluma tuviera un mensaje silencioso.
Yo no lo entendí en ese momento, solo la guardé en mi bolso y seguí mi camino como si nada, era mi último día en Madrid.
Pero hoy —después de atravesar la enfermedad más fuerte de mi vida— sé exactamente qué significaba:
Era el Arcángel Rafael hablándome.
El verde es su color. La sanación es su frecuencia.
Las plumas son uno de los lenguajes preferidos de los guías para llamar nuestra atención cuando no estamos escuchando otra cosa.
Una señal suave, amorosa, anticipando lo que venía.
Cómo hablan los guías —y por qué casi nunca escuchamos
Te lo digo con total honestidad: no necesitas estar meditando en un templo para que tus guías te envíen un mensaje.
Ellos nos hablan:
-
a través de símbolos
-
de objetos que aparecen “por accidente”
-
de colores
-
de sincronías
-
de sensaciones
-
de cosas que te hacen detenerte medio segundo
Y también nos hablan cuando estamos a punto de rompernos, cuando el cuerpo se está quedando sin energía o cuando nuestra alma necesita parar y reenfocarse.
Ese día, en esa calle de Madrid, mi guía me habló con una pluma verde.
Y yo seguí caminando, acelerada, agotada, sin hacer la pausa que esa señal me pedía.
La caída: cuando el cuerpo se rinde y la verdad se revela
El mismo día que estaba regresando a casa, la vida me detuvo. Empecé a sentirme muy mal, como cuando un resfriado te está empezando, pensé que era hasta normal pues todo el viaje estuvo acompañado de un frío glacial que llegaba a los huesos, así que no me preocupé demasiado y pensé que una buena noche de sueño me dejaría como nueva.
Pero no era solo un resfriado, no era un cansancio normal, mi cuerpo se derrumbó por completo, me empezó una fiebre altísima, dolores musculares y articulares incapacitantes, debilidad extrema, alucinaciones auditivas, mareo, una sensación emocional de vacío como nunca había sentido, una desconexión profunda de todo lo que normalmente me importa.
Fue el cuerpo diciendo lo que yo no dije en el museo, en las caminatas, en los días de frío:
“No puedo más.”
Y en medio de esa fragilidad absoluta, la imagen de la pluma verde empezó a tomar un significado completamente distinto.
No era un adorno, ni era casualidad, era un aviso amoroso de que venía una sanación profunda —aunque al principio se sintiera como destrucción.
El aprendizaje más grande: dejar de cargar al mundo
Durante esos días, mientras yo estaba en cama, recibía mensajes de consultantes, de amigas, de familia, de personas que necesitaban algo de mí.
Y por primera vez en muchísimo tiempo no pude responder, no pude sostener a nadie, no pude salvar a nadie. Y entonces comprendí algo que transformó mi corazón:
La vida no depende de que yo esté disponible.
Las personas pueden seguir su camino sin que yo las cargue.
Yo no soy la salvadora de nadie.
Todo siguió funcionando aunque yo desaparecí del mapa durante una semana.
Eso, para una mujer que ha sostenido siempre a todos, fue una revelación.
El mensaje de Rafael: la sanación empieza cuando vuelves a ti
Cuando entendí esto, la pluma cobró sentido, el verde de Rafael simboliza:
-
equilibrar
-
reparar
-
regresar al centro
-
recuperar la energía vital
-
sanar el cuerpo
-
sanar la forma en que nos relacionamos con el dar y el recibir
Él no vino solo a recordarme que debía descansar.
Vino a mostrarme que mi forma de vivir —siendo pilar de los demás, olvidándome de mí, cargando más de lo que mi alma puede sostener— estaba a punto de quebrarme.
Su mensaje fue claro:
“Ani, vuelve a ti.
No estás aquí para salvar al mundo.
Estás aquí para vivir, para cuidarte, para amar desde un lugar sano.”
Renacer: una nueva manera de habitar mi propia vida
Hoy, mientras escribo esto, ya estoy mejor, mi cuerpo está volviendo, mi energía poco a poco se enciende y mi corazón está más fuerte y más claro. Y por supuesto siento que algo profundo cambió en mí:
-
ya no quiero sostener desde el sacrificio
-
ya no quiero callar lo que necesito
-
ya no quiero asumir el peso emocional de todos
-
ya no quiero vivir cansada, acelerada o desconectada
Quiero vivir desde la presencia, desde mi centro, desde el respeto por mi energía.
Y creo que ese es el verdadero renacer.
Gracias por leerme
Tal vez también has ignorado señales que la vida te envía, tal vez tú también cargas más de lo que puedes, tal vez tu cuerpo también te está diciendo “basta”.
Si algo de esta historia resuena contigo, detente un momento.
Respira.
Escucha tu ritmo.
Pregunta qué necesitas.
Y recuerda esto, porque es real:
Los guías no nos hablan para interferir en nuestra vida.
Nos hablan para recordarnos el camino de vuelta a nosotras mismas.
Gracias por estar aquí,
bendigo y honro tu camino.
Ani Gallego
Añadir comentario
Comentarios
Ani, muchas gracias por compartir esta experiencia tan profunda y reveladora, me alegra que tus guías como un espectro de luz sanadora te hubieran invitado a decirte a tí misma lo que nos dices a tus consultantes, a sanarte como lo haces amorosamente en cada terapia, a verdaderamente mirarte y reconocerte como el ser más importante para tí! Ani desde el corazón Honro y Bendigo la presencia de tu alma en esta dimensión, Gratitud infinita a los Ángeles que cruzaron nuestros caminos!!!
Gracias por compartir tu experiencia, es hermosa, profunda y reveladora. Dios te bendiga siempre y Los Ángeles te sigan protegiendo, acompañando y alumbrando